La energía solar ha llegado a sitios muy distintos —cubiertas de naves industriales y grandes superficies comerciales, y plantas sobre suelo de gran extensión—, y todas comparten un mismo problema: añaden un riesgo de incendio que la instalación antes no tenía. Son kilómetros de cableado en corriente continua siempre en tensión con luz, equipos que concentran calor y, según el caso, aislamientos de cubierta inflamables o vegetación seca alrededor. Además es un fuego que se detecta tarde: nace fuera del alcance de la detección habitual y se propaga rápido antes de que nadie lo advierta. Como se trata de una tecnología en auge, la protección contra incendios en plantas solares parte siempre de un análisis de riesgos adaptado a cada tipo de instalación.
En las cubiertas de naves y comercios el fuego suele arrancar bajo los módulos, donde la detección convencional no llega y las llamas no se ven desde abajo. Para ese punto ciego existe un sistema específico: un cable de detección lineal de calor (LHD) vigila la zona bajo los paneles y, al registrar una elevación anómala de temperatura, activa la extinción solo en la zona afectada —abre una válvula de diluvio y reparte el agua mediante boquillas específicas—, a la vez que avisa a los servicios de emergencia y da la señal de evacuación. Puede integrarse con los rociadores existentes y es especialmente recomendable en tejados con aislamiento inflamable. Su aplicación depende del tipo de cubierta y de la orientación, la inclinación y las dimensiones de los módulos, que comprobamos en el análisis previo.
En las plantas sobre suelo el riesgo se reparte por toda una gran superficie, así que la prevención también: gestión de la vegetación, franjas y cortafuegos perimetrales, viales que permitan el paso de los vehículos de emergencia y una reserva de agua propia —depósitos e hidrantes— allí donde no llega la red. Los centros de inversión y transformación, que concentran el riesgo eléctrico, se protegen como recintos diferenciados con detección y, si procede, sistemas fijos de extinción; y cuando la planta incorpora almacenamiento con baterías, esa zona se trata aparte por el riesgo específico del litio. En ambos casos —cubierta o suelo— añadimos el desenergizado de emergencia de los campos fotovoltaicos y la coordinación con los sistemas convencionales de protección contra incendios.
En Alda Instalaciones trabajamos a partir de un análisis de riesgos como el que recomienda la Fundación de Investigación de la NFPA para instalaciones fotovoltaicas, que identifica los puntos críticos —ignición bajo el panel, fallos eléctricos en continua, detección retardada o acceso limitado de los bomberos— y los traduce en medidas concretas para cada emplazamiento.
Cada instalación se estudia según su tipo y su entorno: una cubierta industrial con aislamiento combustible no plantea lo mismo que un parque sobre suelo junto a una masa forestal, ni una planta con almacenamiento lo mismo que una sin baterías. Tenemos en cuenta el material del tejado, la superficie del campo solar, la orientación e inclinación de los módulos, la proximidad a vegetación o a otros usos y la distancia real a los servicios de emergencia. Coordinamos la parte eléctrica con su protección frente al fuego y dejamos un plan de mantenimiento que conserva operativos el desenergizado, la detección y los medios de extinción. Una protección bien resuelta no solo evita el siniestro: también pesa en la prima del seguro, que en instalaciones mal protegidas puede encarecerse hasta comerse buena parte del ahorro energético.
Confía en Alda Instalaciones para garantizar la seguridad de tu edificio o entorno. Nuestro equipo técnico te asesorará y diseñará la solución más adecuada para tu espacio, cumpliendo siempre con la normativa vigente y los estándares más exigentes en protección contra incendios. Déjanos tus datos y nuestro equipo se pondrá en contacto contigo para atenderte y estudiar tus necesidades de forma personalizada.
Nuestro compromiso con la calidad y la legalidad se refleja en nuestras certificaciones oficiales, que nos acreditan como empresa instaladora y mantenedora de sistemas de protección contra incendios a nivel nacional. Contamos con el RASIC (Registro de Empresas Instaladoras y Mantenedoras de Protección Contra Incendios), la ISO 9001:2015 de gestión de calidad otorgada por Bureau Veritas y la total adecuación al RIPCI (Real Decreto 513/2017), al RSCIEI y al CTE, normativa de referencia también en la protección de instalaciones solares fotovoltaicas.
No existe aún un reglamento de protección contra incendios específico y cerrado para la fotovoltaica, así que se aplica el marco general: el Código Técnico de la Edificación (CTE DB-SI), el Real Decreto 513/2017 (RIPCI) y, en naves industriales y centros de transformación, el RSCIEI. A la parte eléctrica le aplica el Reglamento Electrotécnico de Baja Tensión (RD 842/2002) y su ITC-BT-40, y en plantas sobre suelo próximas a masa forestal, la normativa autonómica de prevención de incendios forestales, que exige franjas de protección y gestión de la vegetación. Ante esa falta de norma específica, el análisis de riesgos previo es la herramienta clave.
Porque suman una instalación eléctrica en corriente continua, en tensión siempre que hay luz, a un entorno que arde con facilidad. En cubierta, un fallo bajo un módulo puede inflamar el aislamiento del tejado y propagarse oculto bajo los paneles; en suelo, una chispa o un punto caliente sobre vegetación seca, o un fallo en inversores, transformadores o baterías, puede iniciar el fuego en una gran superficie. En ambos casos el incendio nace fuera del alcance de la detección habitual, por lo que se advierte tarde y se extiende rápido.
El más eficaz para este riesgo es un sistema automático que vigila la zona bajo los módulos mediante detección lineal de calor. Al detectar una elevación anómala de temperatura, localiza el foco y activa la extinción solo en esa zona, abriendo una válvula de diluvio que distribuye el agua mediante boquillas específicas, a la vez que avisa a emergencias y da la señal de evacuación. Puede integrarse con los rociadores existentes y es especialmente recomendable en tejados con aislamiento inflamable. Su instalación tiene unos límites geométricos —de orientación, inclinación y tamaño de los módulos— que se comprueban en el análisis previo.
Con medidas pensadas para una gran superficie: franjas y cortafuegos perimetrales, gestión periódica de la vegetación, viales de acceso para los vehículos de emergencia y una reserva de agua propia mediante depósitos e hidrantes donde no llega la red. A ello se añade la protección de los centros de inversión y transformación con detección y extinción, el desenergizado de emergencia de los campos fotovoltaicos y, si hay almacenamiento, medios específicos para las baterías de litio. El conjunto exacto se define tras el análisis de riesgos del emplazamiento.
Sí. Ofrecemos un servicio integral que va desde el análisis de riesgos y el diseño de las medidas hasta su instalación, revisión y mantenimiento periódico conforme a los plazos del RIPCI. Al instalar también la parte solar, coordinamos lo eléctrico con lo contra incendios y mantenemos operativos el desenergizado, la detección, la reserva de agua y los medios de extinción, con la documentación al día ante cualquier inspección.
La confianza de quienes nos encargan la seguridad de sus instalaciones energéticas es el mejor aval de nuestra trayectoria. Promotores y empresas que han apostado por la energía solar destacan nuestra profesionalidad, la rapidez de respuesta y la tranquilidad de poner la instalación fotovoltaica y su protección contra incendios en manos de un mismo equipo certificado.