El monóxido de carbono (CO) no huele, no se ve y no avisa. A 300 ppm puede producir pérdida de consciencia en menos de dos horas; a 1.000 ppm, la incapacitación es prácticamente inmediata. Esa invisibilidad lo convierte en uno de los riesgos más subestimados en edificios con combustión interior, y también en uno de los que la normativa española ha regulado con más precisión, aunque con un reparto de papeles que conviene tener claro desde el principio: dónde es obligatorio el detector lo deciden el CTE DB-HS 3 (aparcamientos) y el RITE (salas de máquinas con generadores de combustión); qué equipo vale lo decide la norma de producto, que es la UNE-EN 50545-1 en aparcamientos y garajes profesionales y la UNE-EN 50291 solo en el ámbito doméstico.
En Alda Instalaciones instalamos sistemas de detección de CO y alarmas de incendio en parkings comunitarios, comunidades de propietarios y locales con equipos de combustión. Es una de las áreas donde la normativa se incumple más por desconocimiento: muchos aparcamientos bajo rasante no tienen el detector de monóxido de carbono correcto, o lo tienen desconectado, o con sensores que llevan años sin revisión. Te explicamos qué normativa aplica en cada escenario —vivienda, garaje comunitario o aparcamiento y recinto industrial—, dónde es obligatorio este detector de CO, qué tipos existen y cómo mantenerlo correctamente.
¿Qué es el monóxido de carbono y por qué hay que detectarlo?
El monóxido de carbono (CO) es un gas producido por la combustión incompleta de carburantes: gasolina, gasóleo, gas natural, propano, madera, carbón o cualquier otro combustible orgánico. Se genera en motores de combustión interna, calderas de gas, chimeneas, braseros, generadores y grupos electrógenos. El problema es que es incoloro, inodoro e insípido, lo que impide detectarlo sin un equipo específico: el olfato y la vista no dan ninguna señal de alarma. Por eso es obligatorio el detector de monóxido de carbono en determinadas instalaciones: el sensor electroquímico o infrarrojo es el único medio que avisa antes de que las concentraciones escalen a niveles peligrosos.
Cuando el CO se inhala, sustituye al oxígeno en la hemoglobina y bloquea el transporte de O₂ a los tejidos. La intoxicación empieza con dolor de cabeza y náuseas, síntomas que se confunden frecuentemente con un resfriado o hipotensión. A concentraciones superiores a 200 ppm en exposición prolongada, la situación puede derivar en pérdida de consciencia, daño neurológico permanente o muerte. La clave del riesgo es que la víctima no percibe la progresión: el propio gas inhibe la capacidad de reacción antes de que la persona sea consciente del peligro, lo que hace crítico el papel del detector de monóxido de carbono como sistema de alerta automática.
Este perfil de riesgo explica la exigencia normativa. Un detector de monóxido de carbono actúa como sustituto del sentido que el CO inutiliza: mide la concentración en el aire de forma continua, activa la alarma cuando se supera el umbral y —en instalaciones conectadas a central— puede activar automáticamente los extractores de ventilación forzada y el corte del suministro de gas. En un aparcamiento de 500 m² con ventilación mecánica, la detección precoz integrada con el sistema de extracción permite gestionar el episodio antes de que las concentraciones escalen a nivel de riesgo para la salud.
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Tipos de detector de monóxido de carbono: electroquímico, infrarrojo y semiconductor
Los detectores de monóxido de carbono (CO) disponibles en el mercado pueden diferenciarse tanto por la tecnología utilizada para detectar el gas como por el tipo de instalación en la que van a utilizarse. Entre las tecnologías que pueden encontrarse están los sensores electroquímicos, semiconductores e infrarrojos. Sin embargo, la tecnología del sensor no determina por sí sola si un detector es legal o adecuado para una determinada aplicación. Lo importante es que el equipo cumpla los requisitos y normas que correspondan al uso previsto. En España existen diferentes normas de producto según se trate de un detector para uso doméstico, para aparcamientos y túneles o para determinados entornos profesionales.
Detector electroquímico: una tecnología habitual en uso doméstico
El sensor electroquímico es una de las tecnologías más utilizadas en detectores de monóxido de carbono para aplicaciones domésticas. Estos sensores emplean una celda electroquímica que genera una señal eléctrica en función de la presencia y concentración de CO, permitiendo al dispositivo activar una alarma cuando se alcanzan las condiciones establecidas para ello.
En el ámbito doméstico, la referencia normativa es la UNE-EN 50291-1, que establece los métodos de ensayo y los requisitos de funcionamiento de los aparatos eléctricos destinados a detectar monóxido de carbono en locales de uso doméstico. Esta norma se encuentra vigente en España.
Los requisitos de esta norma incluyen diferentes ensayos de respuesta frente a concentraciones determinadas de CO. Por ejemplo, los equipos deben responder dentro de unos tiempos máximos establecidos cuando se someten a determinadas concentraciones del gas. Por ello, es más preciso hablar de cumplimiento de los requisitos de funcionamiento de la UNE-EN 50291-1 que asociar una determinada prestación únicamente al tipo de sensor empleado.
La vida útil de un detector electroquímico depende del diseño del equipo, del sensor utilizado y de las especificaciones del fabricante. Por este motivo, no existe una regla general que obligue a sustituir todos los sensores electroquímicos cada 5 o 7 años. En un detector concreto debe respetarse siempre la vida útil indicada por el fabricante y las instrucciones de mantenimiento y sustitución.
Detector de semiconductor
El sensor semiconductor utiliza un material cuya conductividad eléctrica cambia ante la presencia de determinados gases. Esta tecnología puede utilizarse para detectar CO y se encuentra en distintos tipos de dispositivos. No obstante, no es correcto afirmar que un detector semiconductor no pueda cumplir la UNE-EN 50291-1. La norma establece requisitos de funcionamiento y ensayos que debe superar el producto, pero no convierte automáticamente una determinada tecnología de sensor en válida o inválida.
Por tanto, un detector equipado con un sensor semiconductor será adecuado para una determinada aplicación si el equipo en su conjunto cumple las normas y requisitos que correspondan a ese uso. La selectividad, la sensibilidad frente a otros gases, la estabilidad y el comportamiento ante factores ambientales deben evaluarse conforme a las prestaciones y ensayos aplicables al producto.
Detector infrarrojo
Los detectores basados en tecnología infrarroja, como determinados sensores NDIR, utilizan la interacción de la radiación infrarroja con las moléculas del gas para realizar la detección o medición de su concentración. Esta tecnología puede ofrecer determinadas ventajas en función del diseño del equipo y de la aplicación, pero no debe considerarse automáticamente superior a las demás tecnologías ni como requisito general para instalaciones profesionales. La elección del sensor depende de factores como el entorno, los gases que deban detectarse, la precisión requerida, las condiciones ambientales, el mantenimiento y la norma aplicable.
En consecuencia, para determinar si un detector infrarrojo es adecuado no basta con saber que utiliza tecnología NDIR: hay que comprobar qué producto es, para qué aplicación está diseñado y qué normativa y ensayos cumple.
Detector autónomo vs. detector conectado a una central
Otra forma de diferenciar los detectores de CO es por su forma de integración en la instalación.
Un detector autónomo incorpora sus propios elementos de señalización, normalmente una alarma acústica y alimentación eléctrica propia, y está diseñado para funcionar de manera independiente. Es un formato habitual en aplicaciones domésticas. En este ámbito, los equipos destinados a la detección de CO deben responder a los requisitos correspondientes a los aparatos de uso doméstico, entre ellos los establecidos por la UNE-EN 50291-1.
Por otro lado, un detector conectado a un sistema de control puede enviar una señal a una central o sistema de gestión para activar determinadas actuaciones, como sistemas de ventilación o alarmas. La forma exacta de integración dependerá del diseño de la instalación y de sus requisitos técnicos.
En el caso de los aparcamientos y túneles, existe una norma específica para estos equipos: la UNE-EN 50545-1, relativa a aparatos eléctricos para la detección y medida de gases tóxicos y combustibles en aparcamientos y túneles, incluyendo la detección y medida de monóxido de carbono y óxidos de nitrógeno. Esta norma está vigente y fue modificada mediante la A1:2016.
Por tanto, un detector doméstico certificado conforme a UNE-EN 50291-1 no debe utilizarse como sustituto de un sistema diseñado y conforme a los requisitos aplicables a un aparcamiento o túnel. El propio Ministerio de Industria diferencia expresamente los detectores para locales domésticos de los destinados a aparcamientos y túneles.
¿Qué detector de CO elegir?
La elección del detector debe hacerse teniendo en cuenta el lugar donde se va a instalar y la normativa aplicable, no únicamente la tecnología del sensor.
- Viviendas y otros locales de uso doméstico: deben utilizarse equipos destinados a este ámbito y que cumplan los requisitos correspondientes, como los establecidos en la UNE-EN 50291-1.
- Aparcamientos y túneles: deben emplearse equipos y sistemas adecuados para este tipo de instalaciones, con la UNE-EN 50545-1 como referencia específica para los aparatos de detección y medida contemplados por esta norma.
- Lugares de trabajo y determinadas aplicaciones industriales: pueden resultar de aplicación otras normas específicas para la detección de gases tóxicos, como la UNE-EN IEC 62990-1:2023, dependiendo del entorno y del uso previsto.
Además, en España existe una regulación específica sobre los equipos detectores de concentración de monóxido de carbono. El Ministerio de Industria recoge el Real Decreto 2367/1985 y las disposiciones posteriores relativas a la conformidad de estos productos. Actualmente, el régimen de certificación debe analizarse según el producto y el marco reglamentario aplicable.
¿Dónde es obligatorio instalar un detector de CO?
La normativa española no establece una obligación universal de instalar un detector de monóxido de carbono en todos los edificios. Las obligaciones concretas dependen del tipo de espacio, uso previsto y tecnología de combustión presente. Hay tres escenarios donde es directamente obligatorio por norma —sin margen interpretativo— y otros donde la evaluación técnica o la compañía aseguradora pueden exigirlo. Conocer la diferencia te permite actuar antes de una inspección o un requerimiento del seguro del edificio.
Garajes y aparcamientos cerrados según el CTE
El Código Técnico de la Edificación (CTE DB-HS3) es la norma que activa la obligación en aparcamientos. Concretamente, en aparcamientos cerrados con más de cinco plazas o más de 100 m² útiles es obligatorio instalar un detector de CO en cada planta. La norma distingue el umbral de activación de la extracción mecánica según ocupación: 50 ppm si hay empleados en el local y 100 ppm si el espacio no tiene personal fijo.
El detector de CO no actúa de forma aislada: debe estar integrado con la ventilación mecánica del aparcamiento para activarla automáticamente al superar el umbral. El sistema eléctrico y de control del ventilador forma parte del alcance del proyecto, no solo el equipo de detección. En la práctica, cuando el detector señale 50 o 100 ppm —según ocupación—, el extractor debe arrancar sin intervención humana y ventile hasta que la concentración vuelva a niveles seguros. Un garaje comunitario de doce plazas bajo rasante con ventilación mecánica es un caso típico: detector de CO por planta, integrado con el extractor, con acta de puesta en servicio firmada por empresa instaladora habilitada según el RIPCI.
Calderas de gas y calefacción en interiores
El RITE (RD 1027/2007) regula las instalaciones térmicas en edificios y establece requisitos de seguridad para salas de máquinas con generadores de combustión. Para calderas de gas con potencia significativa, el RITE exige sistemas de detección de CO junto con corte automático del suministro de gas en caso de alarma. El reglamento fue actualizado por el RD 238/2013 y el RD 178/2021.
La casuística más frecuente es la sala de calderas comunitaria en edificios de viviendas: caldera de gas de condensación, recinto interior con ventilación limitada. Si la sala cumple ventilación mínima pero no tiene garantías de renovación de aire en fallo, la instalación de un detector de CO como medida de seguridad activa es técnicamente justificable y puede ser exigida por la aseguradora o por la inspección técnica del edificio. En comunidades de propietarios, la decisión suele tomarse al revisar la calefacción o renovar la caldera.
Locales con motores de combustión
Los locales con motores de combustión interna —grupos electrógenos, compresores diésel, maquinaria con motor de gasolina o gasóleo— tienen un perfil de riesgo de CO significativamente más alto que una sala de calderas. Un grupo electrógeno en funcionamiento puede generar concentraciones peligrosas en minutos si el local no tiene ventilación adecuada. La instalación de detectores de CO es prácticamente obligatoria desde el punto de vista técnico y de riesgos laborales, aunque la normativa aplicable varía según si es un establecimiento industrial (aplica el RD 164/2025 para PCI y normas de seguridad laboral) o un local comercial o de servicio.
La norma específica para detección de CO en garajes y aparcamientos —incluidos los espacios con vehículos de combustión como furgonetas o carretillas elevadoras de propano— es la UNE-EN 50545-1, que establece los requisitos de los detectores de CO y NO₂ para aparcamientos, garajes y túneles de carretera. Esta norma coexiste con la UNE-EN 50291-1 para aplicaciones domésticas: no son intercambiables — un detector certificado UNE-EN 50291 no es apto legalmente para un aparcamiento profesional que requiere UNE-EN 50545-1, y viceversa.


